Lo que comenzó como un llamado de atención institucional terminó convertido en un cruce directo de cartas entre el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Buga y la comunidad rural de la vereda El Placer, en medio de la discusión sobre quién debe garantizar la respuesta a los incendios forestales en la zona rural alta del municipio.
Todo comenzó con un oficio fechado el 14 de septiembre, dirigido por el comandante Harold Humberto Alzate Tejada a la Alcaldía de Guadalajara de Buga y al Comité Campesino de Emergencia El Placer.
En ese documento, el comandante manifestó su preocupación por la promoción pública de la creación de una "Subestación de Bomberos" en la zona, sin que —según afirmó— existiera un proceso previo de concertación, autorización o definición técnica con la institución.
Pidió al comité evitar seguir presentando esa subestación como un hecho decidido y dejó constancia de que la Comandancia no había otorgado aval ni consentimiento para su creación, solicitando además a los habitantes y organizaciones de la zona abstenerse de entregar aportes o comprometer recursos para una iniciativa que, según el oficio, no proviene de canales oficiales.
La respuesta no se hizo esperar. Ese mismo día, el Comité Campesino de Emergencia El Placer envió una comunicación directa al comandante en la que rechazó de fondo los términos de su oficio. "Lo que expresan en su oficio no se ajusta a la realidad que vivimos en el territorio", señala el documento, firmado en nombre de la comunidad de la zona rural de Guadalajara de Buga.
Los campesinos afirman que no han tenido presencia permanente ni efectiva del Cuerpo de Bomberos ante las emergencias, y que quienes enfrentan los incendios en primera línea, de forma constante, son ellos mismos: "hombres, mujeres y familias que dejamos nuestras labores, nuestros animales y nuestros hogares para defender la tierra, el agua, la fauna y las viviendas".
El comité fue más allá y cuestionó directamente la forma de operar de la institución en la zona: "Ustedes llegan un día, hacen una visita parcial y se retiran, dejando a la comunidad sola con el peligro. No hay seguimiento, no hay permanencia, no hay respuesta real cuando el fuego se reaviva o cuando las emergencias se extienden por días y semanas".
Según el documento, es esa ausencia sostenida la que explica por qué surgió la iniciativa de una subestación propia: "No lo hacemos por capricho, sino porque la realidad nos demuestra que el servicio oficial no llega hasta aquí".
Pese al tono de reclamo, la comunidad aclaró que no se opone a la coordinación institucional que exige Bomberos, sino que la exige también en sentido contrario: "Pedimos que cumplan con su labor: que vengan, que se queden, que combatan los incendios hasta el final y que nos den respaldo real y constante". Y advirtió que, mientras eso no ocurra, seguirán buscando sus propias soluciones, "porque nuestra vida, nuestra tierra y nuestras fuentes de agua no pueden esperar a que se resuelvan trámites burocráticos cuando el fuego avanza".
El comité cerró su respuesta con un mensaje contundente: "No pedimos permiso para protegernos; pedimos que la institución cumpla con lo que le corresponde", al tiempo que se declaró disponible para "un diálogo real, serio y constructivo" que garantice presencia efectiva y permanente en la zona.
El intercambio deja en evidencia una tensión de fondo que va más allá del trámite institucional: mientras Bomberos insiste en que cualquier expansión de cobertura debe surtir un proceso técnico, jurídico y presupuestal antes de anunciarse como hecho cumplido, la comunidad de El Placer sostiene que esa exigencia de formalidad llega tarde a un territorio que, según ellos, lleva años enfrentando solo los incendios forestales.